4.8.16

Nostalgia

Extraño la máquina de escribir, era tan bella. Las letras caían con estrepitoso ímpetu en las hojas y estaba el dulce sabor de lo impreso al instante. Se movían en el aire, veloces, las letras en sus moldes de metal como en una carrera al papel. A veces se trababan todas en el centro y ahí aparecían los dedos poniendo orden. El "¡clin!" finalizando el margen, cual campanadas de la catedral de la creatividad; y ese arrastre hacia el otro margen, como un arco de violín, para comenzar una nueva línea en la melodía de las palabras que hacen música con el alma.
Toda mi adolescencia utilicé máquina de escribir, horas sólo ella y yo. Lo único que rescaté como positivo cuando pasé a la computadora, ya en el siglo XXI, fue el poder ir hacia atrás y el borrar rápido, la corrección fácil. Lo demás es todo confort visual. No me gustan las pantallas. Amo el papel. Amo los libros. La tinta es la sangre de mi espíritu. Gusto de las hojas al tacto, de las letras impresas que me hacen presente. ¡Y cómo extraño la máquina de escribir!

Natalia Peralta Páez

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